Y de repente te das cuenta de que ha pasado un año. 365 días desde tu parto. 365 días sin separarte de ella más de ocho horas. Y parece que la cosa va bien. Un año de hija, y un año de madre. Adriana cumple un año pronto y no puedo evitar echar la vista atrás continuamente y recordar cómo ha ido creciendo y aprendiendo cada vez a hacer más cosas.

Recuerdo que cuando nació Adriana todo el rato me preguntaba cómo iría empezando a hacer cosas nuevas, a interactuar un poco o cualquier otro hito sin importancia para nadie más que para sus padres. Empecé a consultar y claro, en todas partes decían lo mismo: cada niño va a su ritmo. Es cierto, su amiguita que nació un mes después aprendió a darse la vuelta o a tocarse la cabeza antes que ella.

Y la gente diciéndote que no tengas prisa, que luego echarás de menos la etapa de bebé, que es muy cortita y solamente pasa una vez en la vida. Si, claro, pero yo también estoy impaciente por ver cómo empieza a jugar con sus muñequitos o a reírse a carcajadas. El otro día fui a comprar una crema para el sol para un bebé y la farmacéutica me dijo: para un bebé ¿de cuánto tiempo? De casi un año, le dije. ENTONCES YA NO ES UN BEBÉ, fue su respuesta.

Bueno, no se si estoy tan de acuerdo, aunque sí, está empezando a caminar y a balbucear, come casi de todo e interactúa con mucha gente. Cada vez llora menos cuando está con otras personas, sobre todo si las conoce (empieza a reconocer cada vez a más gente) y es capaz de entretenerse sola un rato largo. Pero casi no tiene pelo y eso le hace parecerse más a un bebé que a una niña.

Todas estas cosas me hacen mucha ilusión, pero también es verdad que hay cosas que echo de menos, como los ruiditos que hacía cuando era un bebé antes de dormirse, la manera de coger los dedos de los demás o cuando pesaba cinco o seis kilos. Y en efecto, cada bebé va a su ritmo.

Obviemos alguna que otra mala noche, más de un año sin salir, amén de alguna que otra dificultad para conciliar o todas las quejas que se suelen oír: “mi niño no me come bien”, “llevo un año sin dormir”, o esas caras de sufrimiento paternal. Yo también las pongo, pero creo en definitiva que los primeros 365 días de vida de una persona son emocionantes y sobre todo muy divertidos.

Sigo teniendo la misma impaciencia por que siga aprendiendo, a caminar y a correr, a hablar, a saltar a la comba, a dibujar, … Todo llegará y no tengo muy claro cuándo, pero lo que sí sé ahora es que suele ser muy poco a poco. A ver qué tal los 365 próximos días.

¿Cómo ha sido vuestro primer año?

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