Cuando me voy de casa o incluso cuando me cambio de habitación mi niña se queda llorando desconsolada. Dicen que esta es la llamada angustia por separación, que les pasa a los niños a partir de los ocho meses aproximadamente. Pero lo cierto es que cada vez que dejo a mi niña en casa y me tengo que ir trabajar, la que siente una profunda amargura por separarme de mi hija soy yo ¿Será esto normal?

La ansiedad por separación en niños se trata de un proceso normal, en el que los pequeños, a partir de los ocho meses, empiezan a comprender que su cuidador principal es una persona diferente a él. En el mismo momento, aparece el concepto de permanencia de los objetos, por lo que el niño comienza a percibir que las cosas no dejan de existir al no ser vistas o escuchadas.

Si a un niño tan pequeño le separan de su cuidador, le cuesta entender que va a volver y además no tienen aún una noción del tiempo. Por lo que se sienten inseguros e incluso amenazados. Esta reacción se considera normal hasta los dos años como máximo, y tiene carácter adaptativo. Es decir, se trata de mantener cerca a los padres y asegurarse así su propia protección ante posibles peligros externos.

Entonces, ¿por qué cada vez que dejo a mi niña no paro de pensar si estará bien, si estará llorando, y extrañamente si la persona con la que la he dejado (que siempre son de mi mayor confianza) se estará apañando bien? A mi me pasa desde que nació Adriana ¿Seré una neurótica? Puede ser, pero no me gusta nada pensar que lo está pasando mal, tanto ella como la persona con quien está en ese momento. Mi malestar no es de carácter adaptativo ya que en el fondo sé que está en las mejores manos. Será que la echo de menos. Sin más.

El caso es que no paro de leer lo maravilloso que les resulta a otros padres salir a cenar sin sus bebés, o pasar la primera noche sin ellos. A mi, casi diez meses después de haber sido madre todavía no me pasa. Supongo que todo llegará y confío en que sea pronto.

¿A alguien más le pasa?