Sin duda, todas las personas necesitamos dormir un número determinado de horas al día ya que es en ese momento cuando nuestro cerebro se relaja.

Si es importante dormir para los adultos, no es de extrañar que la rutina de sueño en bebés sea importante. Es durante el sueño cuando el organismo de los niños genera una mayor cantidad de la hormona “Gh”, popularmente conocida como la hormona del crecimiento. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que sus necesidades a la hora de dormir no son las mismas que las nuestras. ¿Es o no aconsejable colocar una almohada a nuestros bebés? ¿ cuándo es el momento más adecuado para comenzar a hacerlo?

No existe un momento exacto en el que se vuelva obligatorio el uso de la almohada en los niños, depende de muchos factores, pero existen ciertas recomendaciones que pueden ser muy útiles para padres y cuidadores a la hora de decidir si es el momento adecuado o no. Veámoslas.

Pros y contras del uso de almohadas por bebés

Durante los meses posteriores al nacimiento del bebé no se recomienda su uso bajo ninguna circunstancia. Durante este período, la cabeza del bebé es proporcionalmente más grande que su cuerpo por lo que la colocación de una almohada podría no sólo molestarle mientras duerme, sino también forzar su postura causándole problemas respiratorios.

Solo se aconseja la colocación de almohadas con forma de rosco en el caso de niños muy prematuros y durante un corto periodo de tiempo, esto permitirá corregir su postura.

Otra de las dudas frecuentes que suelen surgir a padres respecto al uso de la almohada es qué hacer cuando nuestro niño es aún pequeño pero tiene dificultades para respirar ya sea porque está acatarrado, tiene vegetaciones grandes,… Pues bien, en estos casos recomendamos colocar un cojín debajo del colchón o un alza en las patas delanteras de su cuna.

Será en el momento en que los hombros del niño sean más anchos que su cabeza cuando físicamente puedan empezar a necesitarla. Aun así la recomendación es esperar hasta que sea el propio niño el que la reclame para dormir. Si lo hace, utiliza almohadas finas durante los primeros dos o tres años.

Es a partir de este momento, cuando ya han abandonado la cuna y superan los tres o cuatro años, cuando el uso de la almohada depende única y exclusivamente de las preferencias personales del niño y de la postura con la que más cómodo se sienta al dormir.

Si duerme boca abajo se recomienda una almohada blanda y fina, si lo hace boca arriba o cambia mucho de postura se recomienda una almohada de firmeza y grosor intermedios y, por último, si tu hijo duerme de lado necesitará una almohada con un grosor importante y firme.

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